62. Tengo que salvarla de él.
La presión aumenta. Mi cuerpo no responde. La sangre empapa mi pelaje. Cada movimiento se siente como si me estuvieran desgarrando.
Rita, sin embargo, no retrocede. Su mirada desafiante fija a Natan, aunque el miedo le tiembla en las manos.
—¡Déjalo! —le grita. Su voz se eleva sobre el rugido de los cazadores. Algo en ella ha cambiado. Algo en mí también.
Natan se detiene. Su mirada se cruza con la mía. Y es en ese instante que todo se desmorona.
Los recuerdos vuelven como un torrente, como si