57. El sacrificio de la luna.
Abro los ojos.
El suelo está cubierto de hojas secas y sangre.
Sangre mía.
Sangre de ellos.
Sangre de Rita.
El rugido de la manada retumba en mis oídos mientras mis rodillas ceden y el frío de la tierra húmeda me recibe con la ternura de una tumba abierta.
Fracaso.
Eso es lo que soy ahora.
Un Alfa que no pudo proteger lo que es suyo.
Un idiota que creyó que el amor podía desafiar la ley de la manada.
El aire huele a fuego y furia, a tierra removida y carne desgarrada. Gritos, órdenes, gruñidos.