58. Mi mente divaga.
La cadena en mi cuello se tensa con cada respiración.
El hierro está frío, pesado, impregnado con un olor a sangre seca que no es mía. Estoy encadenado en el sótano, un lugar oscuro y húmedo, donde las paredes de piedra exudan una humedad pegajosa. Apenas hay espacio para moverme.
Intento levantarme, pero las cadenas me muerden la piel. Mi cuerpo está destrozado. No puedo regenerarme bien, no con estas malditas cadenas de plata quemando mi carne.
Pero nada de eso importa.
Lo único que importa e