56. Luna de sangre.
El aire está cargado de pólvora y miedo.
Respiro hondo. El olor a tierra húmeda y carne caliente se mezcla con el hedor metálico de la sangre. La luna llena, inmensa y blanca, cuelga en lo alto, observando el caos con su ojo indiferente.
Mi piel arde. Los músculos se tensan, la transformación empuja desde dentro como un rugido contenido.
Mis colmillos duelen.
Las uñas se alargan, negras como la noche.
Siento el tirón del instinto, la urgencia de dejar de ser hombre y convertirme en lo que soy e