42. La llamada de la manada.
El peso de la decisión seguía colgando sobre nosotros, como una sombra que no se despejaba. Cada vez que pensaba que podía respirar tranquilo, algo volvía a recordarme la oscuridad que se avecinaba. Rita seguía ahí, a mi lado, y a pesar de la tensión entre nosotros, había algo en su presencia que me mantenía anclado, algo que me impulsaba a seguir luchando. Pero, al mismo tiempo, no podía ignorar el inminente llamado de la manada.
El celular vibró en mi bolsillo, una señal que ya sabía que vení