33. La sombra del regreso.
El viento golpeaba mi rostro cuando salí de la habitación, dejando atrás el calor de Rita y la calma relativa de este pequeño refugio. La puerta se cerró con un suspiro detrás de mí, y aunque no lo quería admitir, sabía que el camino que tomaba no iba a ser fácil. Cada paso hacia la salida de la casa era un peso adicional sobre mis hombros, como si la tierra misma me estuviera reteniendo, como si me negara a ir. Pero, aunque todo dentro de mí gritaba por quedarme, la manada me llamaba, y no pod