23. Un nuevo instinto.
La puerta se cerró tras Deter, dejando a Rita y a mí sumidos en un silencio pesado. Podía escuchar su respiración, rápida y superficial, como si estuviera luchando contra algo dentro de ella. Quería decir algo, pero las palabras parecían inútiles. En su lugar, me dejé caer en la silla más cercana, sintiendo el peso del día aplastándome.
—¿Entonces qué? —Su voz cortó el aire como un cuchillo.
Levanté la cabeza para encontrarme con sus ojos. Había algo en ellos que no había notado antes: una chis