21. El peso de la decisión.
El amanecer llegó demasiado rápido, y con él, una realidad que no podía ignorar. La calma de la noche se desvaneció como la niebla, dejando solo el eco de mis propios pensamientos, que se repetían una y otra vez. No podía quedarme. No debía. Pero la idea de irme dejaba un vacío insoportable en mi pecho.
Rita se movió entre sueños, su rostro iluminado por la luz tenue que se filtraba por las cortinas. Observé su expresión tranquila, como si no acabara de enfrentarse a un mundo que no debería exi