―¡Emma! Has venido―exclamó al percatar su presencia. Se puso en pie y caminó hacia ella. ―No te quedes allí parada, toma asiento. Le acercó una silla y la ayudó a sentarse. Se sentó de nuevo en su silla frente a ella. ―Me alegra que hayas querido hablar conmigo. Empezaba a preocuparme que regresaría sin hacerlo.
―Perdón por mi comportamiento, me tomó por sorpresa tu aparición, no me lo esperaba.
―Lo entiendo. Tampoco sabía que te encontraría. Por cierto, me han contado lo de tu padre, lo lament