Había que verlo para creerlo. Aquella chica cada vez lo sorprendía más, no creía que pudiera ser real. Se preguntaba cómo había sido criada. Su madre no parecía de buen ejemplo para educar a una alguien como ella. ¿Estaría loco si aventuraba a decir que podía gustarle? No, era demasiado precipitado, a veces tenías que ver las cosas para poder creértelas. Soltó aliento.
―Lo siento―dijo ella acariciando nerviosa el cuello―creo que me he pasado.
―No lo sientas. No has dicho nada malo.
―Creo que sí