ANNELISSE DE FILIPPI.
No había nada más bonito que ver a mi hermana sonreír así.
Y no había nada más extraño que tener a toda mi familia reunida… sin gritarse.
Tía Isabella daba vueltas alrededor de la mesa con su copa de vino, hablando más rápido que la música de fondo, y Moira, siempre tan elegante y dulce, iba detrás de ella colocando servilletas como si fuera una ceremonia real.
—¡Esta noche está bendecida por los dioses del caos y del cariño! —gritó tía Ella, alzando la copa—. ¡Tengo a tod