Luna
—Seguro que Tatiana fue, ¿no? —dijo Heloísa.
—¿Todavía tienes dudas? La mujer salió con la mirada ardiente —respondí.
—A ella le gusta Fiera, solo que no lo admite —dijo Heloísa.
—Le gusta sí, a su manera torcida. Pero lo va a tener esperando hasta que ya no tenga gracia —respondí.
Las dos estaban sentadas en el escalón de la entrada de la casa de la abuela de Heloísa, cada una con una lata de refresco en la mano. La noche ya se estaba volviendo más silenciosa en el barrio, pero la cabeza