Luna
El rugido de las camionetas cortó el ambiente de la plaza. Ni siquiera necesité mirar mucho para saber quién era. Fiera vino al frente, Igor justo detrás, y el Diablo el último. Solo con su presencia, el aire pareció volverse más pesado.
Él ni siquiera miró hacia nosotras. Paró la camioneta, encendió un cigarro, se ajustó esa cadena que siempre usa y fue directo detrás del quiosco. Todo en lo suyo, como siempre. En cambio, Fiera e Igor vinieron hacia nosotras.
—Mira tu pedido ahí, Tatiana…