Luna
El sonido estaba tan alto que parecía atravesar mi pecho. Bailaba con Tatiana y Heloísa, moviendo el cuerpo como si nada más importara. Como si fuera solo una más en medio de esa multitud. Pero yo sabía que no era así.
Lo sentí antes de verlo.
Sentí ese escalofrío extraño subir por mi espalda. Como si alguien me hubiera arrastrado con la mirada. Giré el rostro, y allí estaba él. Apoyado en la baranda del reservado, vaso en la mano, todo de negro. Mirada clavada en mí. Imposible de ignorar.