Luna
Los billetes apenas habían tocado mi piel y él ya me presionaba de nuevo contra la pared. Su mano pasó por mi cuello, apretando suavemente, controlando mi aire, mientras la otra deslizaba por el costado de mi cuerpo hasta agarrar mi trasero con fuerza. No hubo tiempo para pensar, para dudar, para retroceder. Su cuerpo ya decidía por mí.
El beso llegó más salvaje, urgente. Su boca era bruta, su lengua invadiendo la mía sin pedir permiso, como si tuviera prisa por consumirme entera. Mordió m