Diablo 👿
El hombre que nos guió abrió camino hasta la mesa del piso de arriba. El sonido allí no reventaba los tímpanos como abajo, pero seguía teniendo ese ritmo grave constante, como un corazón enfermo pulsando al fondo.
Atraje la silla para Luna y dejé que se sentara primero. No importaba el lugar o quién estuviera mirando — ella siempre tendría prioridad. Me senté a su lado, pero pronto noté que las miradas alrededor no eran solo curiosas. Eran evaluadoras, como si cada hijo de puta en es