Cuando el coche se detuvo, me quedé medio confundida. No parecía un restaurante, parecía más una casa de shows. El letrero parpadeando, música alta escapando por las puertas, y un movimiento intenso de gente entrando y saliendo.
Diablo salió primero, dio la vuelta y abrió la puerta para mí. Hasta él parecía extrañarse un poco, pero no comentó nada. Yo solo me quedé mirando, intentando entender dónde íbamos a parar esta vez. En cuanto pusimos un pie en la acera, sus guardias vinieron detrás, cer