Lo leí unas tres veces antes de darle a enviar. No quería parecer blanda, ni demasiado fría. Solo quería agradecer. Y tal vez, un poquito, quería que él apareciera de verdad. El mensaje se fue y se quedó con las dos marquitas, pero sin confirmar que él lo hubiera leído. Suspiré y guardé el celular otra vez.
El sol ya se escondía detrás de los edificios más altos, y el cielo empezaba a pintar unos tonos anaranjados mezclados con el azul oscuro de la noche que llegaba. La calle seguía movida, gen