Martín me cargó como a una princesa y me llevó hasta su habitación, depositándome en su enorme cama. Sentí cómo sus manos se encargaban de quitarme prenda por prenda hasta dejarme solo en lencería que él se encargó de comprar, pero de repente se detuvo.
- ¿Qué pasa? - pregunté desconcertada.
- Sigo vestido - me miró sin entender, hasta que me di cuenta de lo que quería… M****a, quiere que yo le quite la ropa.
- Martín, yo…
- Vamos, cariño, no seas tímida, soy todo tuyo - me arrodillé en la c