MARTÍN FERRER**
Camino de un lugar a otro como león enjaulado por todos los pasillos del hospital. Siento cómo la sangre me escurre por el brazo, pero no me duele, o por lo menos no lo siento.
—Martín, muchacho, debes dejar que te atiendan esa herida —dice Raúl, pero yo lo único que quiero es que me den noticias de mi esposa e hijo.
—Raúl, de aquí no me voy a mover hasta que no me den respuesta de mi esposa —en ese momento entran Marcos con Ana tomados de la mano. Marcos, al verme sangrar, corre