Siento unos besos en mi vientre seguidos de unas leves caricias en él, sin poder evitarlo. Sabiendo quién es, sonrío como una estúpida.
—Mamá, despierta —abro mis ojos y veo a Martín desnudo como dios lo trajo al mundo. Se ve tan apetecible que, sin pensarlo, lo atraigo a mí besándolo apasionadamente. Él no duda en ningún momento en seguirme el beso, pero luego se separa—. Nena, estuvimos toda la noche en eso, ¿no le hace mal al bebé? —cuando dice eso, estallo en risas porque su pregunta, pero a