A la mañana siguiente, Chiara amaneció entre los brazos de ese hombre que la volvía loca. La noche había sido mágica. No esperaron hasta la boda, fue antes, pero eso no importaba. Ese hombre de espalda fuerte y brazos firmes dormía profundamente. Para ella, la noche fue hermosa.
Adriano se movió en la cama y despertó, encontrándose con la mirada fija de Chiara, que sonreía dulcemente. Ella irradiaba felicidad.
—Creo que morí y estoy en el cielo... porque estoy mirando a un bello ángel —dijo é