Despertó de la pesadilla, había sido tan real, incluso unas marcas negras ya casi difuminadas desaparecían del cuello, la única respuesta lógica era que ella misma se las hubiera hecho, pero en el fondo sabía que no, que algo más había detrás, una sombra que la seguía en sus sueños y que poco a poco iba dejando huellas en su cuerpo. Chiara sentía que algo se encontraba pasando, que todos se encontraban en peligro, y más ella. Ahora que lo pensaba, Martina no debió ser tan inocente, y eso le causaba miedo, porque mientras más unía los recuerdos confusos que venían a su mente, más comprendía que aquella mujer había vivido un tormento oculto bajo sonrisas y silencio. Pero ella no era Martina, ella era Chiara, y su amor le pertenecía a Adriano.
Dejó que pasaran los días, no quería mostrarse intranquila, decidió no ir a un par de sesiones, tenía que relajarse, dejar su mente en blanco, aunque miles de imágenes llegaban a su memoria, cosas mezcladas, que ya no sabía si eran verdaderas o fal