Chiara salió de la sesión con un sabor amargo, como si algo dentro de ella se hubiese removido sin querer. Sentía que la cabeza le iba a estallar con tantas imágenes sueltas que no lograba ordenar. Al llegar a la mansión, se encontró con un silencio incómodo, demasiado denso para su gusto. A ella siempre le había agradado el ruido: las voces, las pisadas, incluso las discusiones que daban vida a aquel lugar. Pero ese mutismo le heló la piel.
Sin pensarlo demasiado, se dirigió a la biblioteca. N