Veinte años atrás
—¿Y qué pasaría si la cincha de una montura está en mal estado? —preguntó Adalberto, como quien no quiere la cosa, mientras observaba con aparente indiferencia a los caballos en la cuadra.
A él nunca le gustaron los caballos. Le parecían bestias nerviosas, demasiado nobles para el mundo sucio en el que había crecido. Pero el negocio de los pura sangre era una de las tantas fachadas de los negocios “lícitos” de su padre, el Don. Así que ahí estaba, fingiendo interés.
Nico, el m