La Clínica Privada "Los Álamos" no parecía un centro de salud; parecía un búnker de cristal y acero. Las luces LED de la fachada parpadeaban contra la lluvia, mientras el estruendo del helicóptero de los Montenegro anunciaba la llegada de la presa más valiosa de Alejandro.
En el interior, el caos estaba fríamente orquestado. Alejandro bajó de la aeronave con el bebé envuelto en la manta gris, apretándolo contra su pecho con una fuerza posesiva que rayaba en la locura. Antonia, semiconsciente e