La madrugada llegó al Santuario con una vibración que Antonia sintió antes de escucharla.
No era un temblor. Era más profundo. Más antiguo. Era el eco de algo que no debería estar ahí, abriéndose paso entre las rocas, buscando las entrañas de la montaña donde su abuelo había escondido todo lo que amaba. Leo dormía en su cuna, ajeno a la tensión que llenaba el aire. Noah ya estaba de pie, con los pies descalzos sobre el metal frío, los ojos fijos en la pantalla que acababa de activarse en la par