Los días pasaron lentos, hechos de silencios y miradas.
Antonia ocupó la habitación principal, la que daba al jardín, la de las ventanas grandes. Alejandro no entró sin permiso. No la tocó. Pero estaba. En los desayunos que él mismo servía, dejando la bandeja en la mesa sin pedir nada a cambio. En los jardines que recorría detrás de ella, a la distancia justa, sin acercarse. En las noches que pasaba en la biblioteca, con la puerta abierta, un libro en la mano que no leía, los ojos fijos en la e