El sol de la mañana calentaba los ladrillos recién colocados de la nueva casa cuando Noah llegó al terreno con los planos bajo el brazo. El corte en su mejilla ya no dolía, y el moretón en su pómulo se estaba desvaneciendo, convirtiéndose en una mancha amarillenta que pronto desaparecería. El aire olía a tierra mojada y a jazmines, y el lago brillaba bajo el sol como un espejo de plata. Los pájaros cantaban en los árboles, y el viento movía las ramas con un rumor suave que parecía una bendición