Noah estaba despierto desde hacía rato, pero no se había movido. No quería romper el hechizo. Cada vez que abría los ojos, temía descubrir que todo había sido un sueño, que Antonia no estaba a su lado, que la conexión que había sentido durante la noche se desvanecería como el humo de las velas. Pero ella seguía ahí. Su respiración era profunda, tranquila, y su cuerpo, pequeño y cálido, se pegaba al suyo como si fuera un imán.
Antonia dormía a su lado, con el cabello desparramado sobre la almoha