CAPÍTULO 195: EL RESCATE
El amanecer llegó sin que Antonia lo viera llegar. Había pasado la noche en vela, mirando el mapa, repasando las rutas, sintiendo que las manecillas del reloj se movían con una lentitud cruel. La biblioteca estaba sumida en la penumbra de las velas que Alejandro había encendido horas atrás, y el único sonido era el crepitar del fuego moribundo en la chimenea. El humo ascendía en espirales grises que se deshacían en el techo, y el olor a madera quemada se mezclaba con el de los jazmines que entra