El equipo de seguridad llegó dos horas después de la visita de Valeria.
Tres hombres de traje oscuro que revisaron cada rincón de la casa, cada ventana, cada puerta. Instalaron cámaras en los accesos, sensores en las ventanas, un sistema de alarma que iluminaba la entrada con luces rojas cada vez que alguien se acercaba.
Antonia los observaba desde el sofá, envuelta en una manta que no lograba calmar el frío que se había instalado en sus huesos. Noah daba instrucciones en voz baja, con ese tono