La noche había caído sobre la mansión como un manto de terciopelo negro, silencioso y denso. Alejandro estaba sentado en su sillón de cuero junto a la chimenea de la biblioteca, con un libro abierto sobre las rodillas que no leía. El fuego crepitaba con un ritmo hipnótico, y las sombras bailaban en las paredes cubiertas de libros viejos, como espectros que recordaban otros tiempos, otros amores, otras vidas. Tobías dormía en su cuna en la habitación contigua, y Camila estaba en el sillón de enf