El amanecer encontró a Antonia en la cocina, con las manos apoyadas en la mesa y la mirada perdida en el vapor que subía de su taza de café. No había dormido. O quizás sí, pero el sueño no había traído descanso, solo imágenes fragmentadas de los ojos de Tobías mirando el techo, de su silencio que no era calma sino miedo, de la sombra de Camila moviéndose detrás de Alejandro en cada videollamada. La noche se había ido sin que ella lo notara, y el gris de la madrugada se filtraba por las ventanas