CAPÍTULO 133: EL JUEGO DE LA CONFIANZA
La mañana en la mansión amaneció cubierta por una niebla espesa que se pegaba a los vidrios como una segunda piel. Alejandro estaba sentado en su sillón junto a la ventana del salón principal, con Tobías en el regazo y una taza de té humeante sobre la mesa de centro. El fuego de la chimenea crepitaba, y el aroma a jazmines llenaba la habitación como en los días en que Antonia aún vivía bajo su techo. Pero Antonia no estaba. En su lugar, Camila se movía por la casa con la parsimonia de quien ha h