Los días siguientes a la «prueba de ausencia» de Camila fueron un tira y afloja silencioso en la mansión. Alejandro había recuperado la rutina con ella, pero algo había cambiado. Sus ojos ya no la seguían con la misma docilidad de antes. Había una chispa de alerta, un resto de la desconfianza que Antonia había sembrado en su última visita, una grieta invisible que ella no lograba detectar pero que él sentía en cada conversación.
Camila lo notó, pero no dijo nada. No le convenía. Mejor esperar, t