El aeródromo abandonado estaba a medio camino entre el refugio de la Red y la mansión de Alejandro. Noah eligió el lugar por su geografía: una pista de aterrizaje de pasto seco rodeada de hangares de chapa oxidada, con suficiente espacio para maniobrar y suficientes escondites para tender una emboscada si la necesitaban. Antonia bajó de la camioneta con las piernas entumecidas por el viaje de tres horas. El sol de la tarde pegaba duro sobre el asfalto agrietado, y el viento levantaba remolinos