—Te espero aquí, no pienso volver a ver a esa mujer —murmuró él entre dientes.
Dejé salir una risa suave, divertida, y le lancé una mirada de soslayo.
—No tardaré, solo voy a despedirme —me encogí de hombros—. No quiero que Fahra piense que me pasó algo.
—No tardes.
Rodé los ojos con fastidio.
—¿Siempre eres tan seco?
Gamaliel me miró con los ojos entrecerrados y movió apenas el mentón en dirección al edificio frente a nosotros.
—¿Y a ti siempre te gusta perder el tiempo?
Bufé, sin responder.
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