43. Gato encerrado
Maximiliano
El tiempo empieza a transcurrir en un silencio sepulcral. El único sonido en la oficina es el pasar de las hojas, el rasgueo de mi bolígrafo sobre mis propios papeles y el sutil tintineo de los ganchos de las carpetas que Clara manipula.
Intento concentrarme en mi propio trabajo, pero me resulta jodidamente imposible. Cada tanto, desvío la mirada por encima de mi pantalla hacia ella.
Noto que Clara no está concentrada. Trabaja con una lentitud inusual y, cada dos o tres minutos, b