12. La sonrisa del diablo
Clara
A la mañana siguiente, el despertador de mi viejo teléfono suena a las 5:00 AM. Mi cuerpo protesta, cada músculo se siente como si hubiera sido golpeado con un martillo. Me levanto de la cama —la cama real, en la diminuta habitación de servicio a la que nos mudamos anoche— y me miro al espejo. Tengo ojeras que parecen moretones y mi uniforme me queda más holgado que ayer.
Me arreglo el cabello, tratando de lucir profesional, o al menos no "deplorable", como dijo la mujer pelirroja en la o