Gabriel se llevó las manos a la cabeza y una sonrisa se dibujó en su rostro, iba a tener un hijo o hija con la mujer de su vida y esa era una sensación inexplicable.
— Déjame ayudarte. — Dijo Gabriel al ver que Alexandra trataba de tomar una toalla de papel.
— Yo Puedo sola.
— Deja de ser tan testaruda.
Gabriel tomó la toalla de papel y la paso por el pequeño vientre de Alexandra. Ella al sentir el tacto de él, una fría corriente la recorrió.
—¿Tienes frío? —preguntó Gabriel al notar cómo la piel de Alexandra se erizaba bajo su mano.
—No —respondió ella, retirándose apenas—. Estoy bien.
Antes de que pudiera decir algo más, la puerta del consultorio se abrió.
—Alexandra… —la voz de Mark sonó cauta—. ¿Cómo estás? ¿Qué te dijo el médico?
El ambiente se tensó de inmediato.
Alexandra tomó aire, intentando mantener la calma.
—Todo está bien —dijo—. Estoy de cuatro meses, segundo trimestre. El bebé está sano… y quizá en la próxima ecografía podamos saber el sexo.
Mark sonrió, genuino.
—E