tiempo no se detuvo, aunque a Alexandra a veces se lo pareciera.
Las semanas pasaron entre consultas médicas, controles estrictos, seguridad constante y una calma tensa que nunca terminaba de asentarse. La herida del hombro sanaba bien, pero lo que había pasado dejó marcas más profundas. Gabriel no volvió a separarse de ella, aunque respetaba cada límite que Alexandra le marcaba; estaba presente sin invadir, atento sin exigir. Ethan y Mark seguían orbitando cerca, como anclas silenciosas. Y la