tiempo no se detuvo, aunque a Alexandra a veces se lo pareciera.
Las semanas pasaron entre consultas médicas, controles estrictos, seguridad constante y una calma tensa que nunca terminaba de asentarse. La herida del hombro sanaba bien, pero lo que había pasado dejó marcas más profundas. Gabriel no volvió a separarse de ella, aunque respetaba cada límite que Alexandra le marcaba; estaba presente sin invadir, atento sin exigir. Ethan y Mark seguían orbitando cerca, como anclas silenciosas. Y la prensa… la prensa nunca se fue del todo.
Hasta que llegó ese mes.
El mes en que el médico lo dijo con claridad: —En la próxima ecografía ya podremos ver el sexo del bebé.
La noticia cayó como una piedra en agua quieta.
Alexandra no lo celebró de inmediato. Esa noche se quedó sentada en el borde de la cama, con una mano sobre el vientre ya evidente, sintiendo cómo todo se volvía real de una forma distinta. No era solo un embarazo. Era una vida. Un futuro. Un nombre que aún no existía.
Gabriel la