Gabriel abrió los ojos al escuchar una guerra arcada, su mirada viajó directamente al baño, se levantó somnoliento y abrió la puerta. Alexandra estaba hincada sobre el inodoro.
— ¿Te sientes bien? — Preguntó el.
— Si… seguramente la comida me cayó mal. — Respondió ella.
— ¿Segura? Te he escuchado varias veces vomitar en lo que va del mes. Debería llevarte al médico.
— No es necesario. —Alexandra se levantó como pudo del suelo.
Alexandra dio un paso hacia él, todavía pálida, apoyándose en el lavamanos para no perder el equilibrio.
—Yo… —intentó decir, pero su voz salió más débil de lo que esperaba.
Gabriel frunció el ceño de inmediato y la sostuvo por los brazos antes de que pudiera apartarse.
—No me mires así —dijo con tono serio—. No es normal vomitar tanto, princesita. Y menos con lo poco que comes últimamente.
Ella evitó su mirada, concentrándose en secarse las manos como si aquello fuera lo más importante del mundo.
—Solo estoy cansada —respondió al fin—. El circo, los viajes, e