Alexandra lo observó y analizó cada una de sus facciones, una sonrisa surco sus labios al pensar que su hijo, o hija iba ser un ser hermoso. Pero también estaba esa duda de si regresar o no regresar con él. Lo que tenía claro era que quería disfrutar de ese momento.
Se pegó aún más al cuerpo de Gabriel y lo abrazó, el cuerpo de Gabriel se estremeció y pasó la mano por la cintura de Alexandra hasta tocar su vientre un poco abultado.
— ¿Estoy soñando? — La voz ronca de Gabriel hizo eco en la habitación.
— No. — Respondió Alexandra. — Es real.
Sintió como Gabriel dejó un beso sobre su frente.
— Te amo
Alexandra ya no pudo contenerse.
El llanto volvió con más fuerza, profundo, de esos que nacen en el pecho y aprietan la garganta hasta doler. Se cubrió el rostro con las manos, pero Gabriel no la dejó esconderse. La atrajo contra él con firmeza, envolviéndola en sus brazos como si quisiera protegerla incluso de sí misma.
—No es justo… —repitió ella, con la voz rota—. No es justo que ahor