Amanecí con Marcelene entre mis brazos, esa era la mejor sensación que podía experimentar en mi vida, era un día especial junto a la mujer más especial que había visto en mi vida.
Amaneció con una sonrisa sobre sus labios, aquello era la clara señal de que las cosas comenzaban a andar bien entre ambos. Me estaba a punto de levantar de la cama cuando Marcelene me tomó por la cintura con aquel mismo gesto desbordado de felicidad y yo clavé mi mirada sobre la suya sin comprender.
—No quiero que te