Capítulo 30
Una novia hermosa
Capi
Me senté sin protestar, después de todo no tengo alternativa alguna al respecto, una de ellas empezó a trenzar mi cabello, apretando con firmeza pero sin hacer daño. La otra me aplicaba una especie de ungüento tibio sobre la piel, con movimientos lentos, calculados. La tercera abría la caja y sacaba pequeños frascos de vidrio, de donde surgían aromas dulces, amargos, desconocidos para mí.
No hablaban, no sonreían, no me miraban. Yo tampoco decía nada. Pensaba