6. ¿Podemos hablar?
XIMENA
—!Dios! ¿No hay piedad para esta pecadora o que?.
Me despierto desorientada, con la bata medio torcida y la cabeza hecha un desastre.
La luz se cuela por la ventana como si no tuviera respeto por nada, ni por mi sueño ni por mis emociones que están más alteradas que mi reloj.
—¡Necesito agua!.
Me levanto sin pensarlo mucho, me siento como un robot sediento y voy directo a la cocina buscando algo que me dé ganas de empezar el día y eso es agua helada, como si eso fuera a calmar lo qu