Capítulo 30. Demasiado tarde
Isaac
El cuerpo de Victoria se siente frío contra el mío, como si toda la calidez de su ser se hubiese esfumado en el momento en que perdió a nuestro hijo. Hago un esfuerzo por tranquilizarla, por transmitirme mi calor al tenerla apretada entre mis brazos, pero el dolor que atraviesa mi costilla me obliga a jadear y por más que intento ocultar mi malestar, no lo logro.
—¿Estás herido? —pregunta con preocupación y se separa de mi abrazo para observar sus manos—. ¡Estás sangrando! —murmura con as