Capítulo 29. Así sea lo último que haga
Isaac
El camino es una agonía con Verti a mi lado escrutando hasta la manera en que respiro. No puedo culparlo, yo me odio ahora mismo, incluso más de lo que él o cualquiera de su familia lo hace. Y para colmo, la maldita herida de mi costado me está torturando.
No habla ni hablo durante las casi dos horas que dura el trayecto, pero su molestia ha espesado el ambiente de una manera insoportable. Su presencia es fuerte, tanto que, si no fuéramos enemigos, creo que podríamos ser buenos amigos.
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