Capítulo 24. No prometo nada
Isaac
Un rayo de sol que entra por la ventana y da justo en mi cara me despierta. La suave respiración de Victoria en mi cuello me hace cosquillas, pero no me atrevo a despertarla; me quedo observando por un momento ese rostro sereno por el sueño, tratando de ignorar la molestia en la espalda por estar en el piso.
En algún momento de la noche ambos cambiamos de forma y nos rendimos ante el cansancio después de haber permanecido en silencio por horas, solo observando el exterior sin saber bien